Desde mi punto de vista, me siento mejor después de haber conversado con sinceridad y la verdad por delante.
Porque callarse las cosas que uno quiere decir no es bueno, ¿por cuánto tiempo crees que puedes retenerlas?
Acaban explotando.
Como una puñalada; como una patada en la espinilla; como un porrazo en el dedo chico del pie. Así me siento cuando solo hay mentiras en el ambiente, sin saber en quien confiar, sin saber si eres tu el problema o ellos.
Relajada; valiente; satisfecha. En cambio, es así como me siento después de exponer todas las verdades sobre la mesa.
Es más fácil cuando hablamos con sinceridad.
Creo que el mundo iría mejor si todos habláramos todo.
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