Cuatro mil días después de aquel año obcecado detecto que al fin te dignaste a cumplir con la cita inaudible, y me alegro, y me enfado a la vez.
Después de estudiar con cuidado este caso, ejerciendo a la vez de fiscal y abogado, de juez imparcial, sentencio lo nuestro diciendo que el fallo más grande pasó por guardar solamente los días más gratos y olvidar los demás.
Mirarte de frente. Admito en voz alta que no pocas veces he sido tentado en coger mi esperanza y lanzarla sin más a la fosa común donde yacen los sueños que nos diferencian.
martes, 12 de octubre de 2010
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