Quise hacer poesía
mirándote a los ojos.
Hacer el amor, con solo rozar nuestra piel.
Quise agitar el mar,
bastaba un beso, solo.
Una caricia, en el sitio exacto
antes de caer.
Quise alcanzar la luna
solo teníamos que desearlo
y estaría aquí, bajo nuestros pies.
Pudimos tenerlo todo,
pero siempre quisimos menos.
Pudimos crearlo todo,
pero perdimos el tiempo, destruyendo.
Cada paso que dimos.
Cada palabra que dijimos.
Y con ironía me atrevería a decir:
¿Quiénes fueron los asesinos?
Esparcimos por el suelo,
el castillo construido
que jamás fuimos capaz de mantener.
Destrozamos la isla,
fuimos soldados de papel.
Y al destino, nunca supimos convencer.
Qué mas da mañana,
si nuestra palabra no tuvo valor ayer.
Porque no quisimos querernos,
ni supimos como hacerlo.
Y ahora la luna llora.
nos ve desaparecer,
mientras caminamos,
mientras seguimos nuestros pasos
en distinta dirección.
Y ella no sabe como detenernos.
Como decirnos que puede suceder.
Que lo nuestro ya fue eterno una vez.
Solo tuvimos que ver.
Mas allá del temor.
Mas allá donde no hay más sitio que para el dolor.
Dolor provocada por nuestra indiferencia.
Por nuestra actitud esquiva,
propia de una niñez.
Dolor en las entrañas.
Que no quiere reconocer
que hoy está equivocada.
Que hoy nos toca amanecer,
mirándonos a la cara,
compartiendo nuestra respiración,
compartiéndolo todo.
La sabana que nos cubre
y solo deja verse los pies.
Y ahora es cuando me besas,
y me susurras que deseas hacerme tuya.
Y ahora es cuando me aprietas con tus brazos,
y te pido que no me sueltes nunca,
que hoy nos toca ganar la misma lucha.
Sentirnos guerreros por una noche,
ambos ganadores de una gran fortuna.
Dejar huella en cada parte de nuestro cuerpo,
y un rastro de olor,
que nos haga vivir el momento.
Una, y otra vez.
Pero no quisimos eso
fue más fácil olvidar.
Esparcimos por el suelo,
el castillo construido
que jamás fuimos capaz de mantener.
Destrozamos la isla,
fuimos soldados de papel.
Tampoco quisimos mirarnos a los ojos.
Fuimos cobardes de nuestro propio destino.
Preferimos cerrar los ojos.
Olvidar el olvido.
Lanzamos la espada y el clavel,
Juntos al agua.
Tampoco nos dijimos adiós.
Fuimos cobardes hasta para marcharnos con honor.
Porque ¿qué honor se había de esperar?
Si solo fuimos niños
intentándonos amar.
Keka
miércoles, 2 de junio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario