sábado, 17 de abril de 2010

La rutina.

Pongo a sonar la canción. Aquella que sonaba de fondo el día que nos conocimos. Quizás no sepas de que canción te hablo y tal vez ni siquiera la escucharas. Pero yo la escuché. Si. La banda sonora de mi vida tocaba mejor que nunca. Como se la hubiera ensayado más de dos veces. Como se supiera que esto fuera a pasar.
Pongo a sonar la canción. Intento moverme al ritmo de la música. Lenta. Con picardía.
Mientras, observo tu foto. Sigue empapada desde la última vez que me dió por recordar.
Me sirvo un Gin Tonic. Parece que todo va mejor. Qué digo!. Peor.
La canción llega a su parte más emotiva. Me hace levantarme de un salto. Exaltada.
Al terminar mi bebida. Guardo decidida tu foto. Volviéndola al sitio de donde la rescaté. Me seco las lágrimas y dibujo una leve sonrisa. Ya está. La canción terminó y antes de que volviera a sonar apagué el reproductor.
Así fue. La terapia termina. La misma terapia de todas las noches. Como si esperara que algún día mis lágrimas lograran borrar tu rostro de aquella foto desgastada por los años.

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